el poder del papel impreso

Por qué el papel sigue atrayendo más que lo digital

Los departamentos de comunicación y marketing están en plena temporada de preparación de la campaña de Navidad. Las semanas vuelan y a la vuelta de la esquina veremos las luces de navidad por las calles y a la gente con el chip vacacional. Parece que cada vez se adelanta más esta festividad pero lo que sí está claro es que la primera semana de diciembre es casi imprescindible tener todo cerrado para poder llegar a tiempo con el envío de regalos, mensajes corporativos, felicitaciones,…

Momento, también, de dar una vuelta de tuerca para todos aquellos que optan por sorprender a sus receptores y que saben que las postales de navidad digitales no funcionan. ¿Siguen gustando más los formatos tradicionales? ¿Por qué las grandes compañías apuestan por enviar mensajes en correo físico y regalos de entrega en mano a sus clientes? Los sentidos tienen mucho que decir al respecto. En Printhaus hemos reflexionado sobre ello y por eso te damos algunos motivos por los que decantarte por elementos impresos agradará a tu cliente mucho y le generará mucho mayor impacto.

El papel sigue gustando mucho

El papel luce mejor con el paso de los años. Lo vemos en las estanterías de nuestras casas y en las revistas de decoración. Los libros y el papel son elegantes. El papel sabe envejecer y lo hace con nosotros. Un libro no es viejo, es antiguo. Pagamos por las ediciones limitadas, las revistas con pastas duras y los folletos con texturas.

Huelen bien. El poder del olor de los libros nuevos y los documentos recién impresos. Esa droga dura llamada tinta que acercas a la nariz, cierras los ojos y…

Amamos las texturas. Da igual que sea una revista barata, la tarjeta de visita que nos acaban de entregar o una portada. Si hay texturas, se tocan, se retocan, las repasamos una y otra vez con las yemas de las manos. ¿Por qué esa magia inigualable de la primera vez? Siempre queremos más.

Lo impreso aporta una experiencia sensorial. Vale que pesa más, que ocupa espacio y que una tableta o libro electrónico lo llevas (casi) en cualquier sitio. Pero ¿cuántas veces miras la portada de un libro en un ebook? Ninguna.

Se guardan con cariño. Postales, recordatorios, entradas, documentos de viajes, libretas… La experiencia vivida guardada en un minúsculo pero exquisito trozo de papel arrugado que lleva consigo una historia. Ahí está, en el cajón con el resto de recuerdos. Digamos que el poder de sacar de vez en cuando esos recortes y repasarlos no lo tiene ni lo tendrá nunca un documento electrónico. Es así y es indiscutible.

Se comparten con otras personas. Se dejan en el buzón, te lo entrega un mensajero, un amigo, un proveedor, aprovechas para dar ese objeto con tu nota, su bolsa bonita, packaging cuidado. Las cosas impresas nos gustan impolutas, sin arrugas, sin manchas ni rozaduras. Los objetos impresos tienen más valor, difícil de definir sí, por eso también mágico e insustituible.

Son maleables. Los doblas, guardas, anotas cosas sobre ellos. Hablamos de tarjetas de navidad, postales, recordatorios, cartas personales, agradecimientos. Qué más da cómo los llames pero sabemos que cuando ese obsequio le llega a tu cliente con tu nota a mano lo lee, lo toca, lo guarda y le trae pensamientos a la cabeza. Difícil que esto ocurra en formato digital.

 

No se trata de revolucionar el mundo de arte, ni del diseño, ni ser los más vanguardistas. Se trata de hacer cosas acordes a la personalidad de tu marca, a sus valores, sus principios, su historia y su futuro. Se trata de transmitir cosas.

Pero que sea en papel. Por favor.

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